100 Poems

The White Lady

to Ketty Lis

The night was as black as a bible.

We were driving down a lane in Wales

when I thought that I almost saw her in my headlights,

the white lady

sitting on a gate.

 

I didn’t know who she was

or what she meant.

 

She seemed to be mourning

the theft of the stone circle

from the field behind her.

 

Then I thought I saw Dylan

shuffling towards a village

in search of cigarettes

from a machine that was broken.

 

Then a barn owl with white wings

as broad as my car

attracted by my lights

swooped down,

nearly smashing the windscreen.

 

I stopped.

There was nothing.

 

I don’t know what this means

but I can intuit it.

 

A friend of mine,

who lives in Rosario,

says the white lady is poetry.

 

I remember having seen her once

in a poem by Rimbaud

about a waterfall.

 

I must look for the book by Robert Graves about this.

 

To Dylan, pp 2-4.

 

 

El Valle de los Murciélagos + Bat Valley

a César Vallejo

¿Qué fue lo de los murciélagos
del Valle de los Murciélagos?

¿Qué fue lo que me fascinó?

¿Fue que se llevaron el aire cada día
con una puntualidad con la que podrías
ajustar tu reloj?

¿Fue su extraño silbido
como el crujido de la hoja de estaño
volando al cielo?

¿Fue el escalofrío del temor
que sentí a la vista
de su nube en espiral?

¿Fue su movimiento inquieto
en los eucaliptos,
sus parloteos durante el día?

¿Fue el hecho
de que parecieran tan interesados
en estar en otro lugar
pero pocos sabían dónde?

¿Volaron a las islas Sesse
o aletearon hacia Zambia
para comer los mangos
hasta hartarse?

¿O simplemente saquearon
los higos y las papayas
de nuestros jardines?

¿Qué fue lo de los murciélagos
del Valle de los Murciélagos?

¿O habré sentido
que eran los heraldos oscuros
del desastre?

Robert Gurney, 26.07.17

Bat Valley

to César Vallejo

What was it
about the bats
in Bat Valley?

What was it about them
that fascinated me?

Was it that they took to the air
each day with a punctuality
you could set your watch by?

Was it their strange whistling cry,
like the rustling of tin foil,
as they rose up into the sky?

Was it the shiver of dread
that I felt at the sight
of their spiralling cloud?

Was it their restless movement
in the roadside eucalyptus trees,
their chattering during the day?

Was it the fact
that they seemed so keen
to be somewhere else
but few knew where?

Did they fly across
to the Sesse Isles
or flutter down to Zambia
to gorge themselves
on mangoes?

Or did they simply plunder
the figs and pawpaws
in our back gardens?

What was it
about the bats
in Bat Valley?

Was it that I felt
they were the dark heralds
of disaster?

Robert Gurney, from a work in progress.

 

“Writing is salvation. All creativity is salvation. Digging deep into your soul to learn who you are and how you work and how you remember, then sharing it with people who have the same questions about the same things. This is communion. This is salvation. The great church – the one, true church – is the collective sharing of souls. Plays and poetry and songs and confessions. The crosses we bear, and ultimately lose, are our stories.”

Tennessee Williams, interview with James Grissom.

The Invitation

A letter came today
inviting me to go
to the Río Negro
in Patagonia.

It said
that the river begins
where two rivers meet
in Neuquén.

One is called Limay.

It flows out of a lake
named after an island,
Nahuel Huapi, la Isla del Jaguar,
near the mountains
Thunderer and Cathedral.

The other is called Neuquén.

It rises near
the Mountains of the Wind
and a volcano
called Domuyo.
Jaguars, thunder,
wind, volcanoes:
I think I’ll stay down here,
in Wales,
for the moment,
listening to the whisper
of the waves.

La invitación

Hoy llegó una carta
invitándome a ir
al río Negro
en la Patagonia.

Decía que empieza
donde dos ríos
se encuentran
en Neuquén.

Uno se llama Limay.

Nace en un lago
que lleva el nombre de una isla,
Nahuel Huapi, la Isla del Jaguar,
cerca de las montañas Tronador y Catedral.
El otro se llama Neuquén.

Nace cerca de las Montañas del Viento
y un volcán al que llaman Domuyo.
Jaguares, truenos, viento y volcanes:
tal vez me quede aquí,
en Gales,
escuchando el susurro
de las olas.

El Acebo

Estuve sentado
solo
en el Acebo
en Potters Crouch.

Vi entrar
a Clive
que murió
en su moto
hace años.

Robin,
gongorista
que se creía
Elvis Presley
entró
y se sentó.

Murió
de una enfermedad
nerviosa.

Una a una
las mesas
se llenaron.

Estaba Ken
que bebía
una botella de whisky
por día
y murió.

Y David
a quien encontraron
con un saco
sobre la cabeza
en el techo
de su casa.

Y Dick
que se ahogó
con su vómito
en un banco
en Aldbury.

Según dicen.
(Su esposa
no contesta
a mis mails.)

Luego entró John
mi hermano
y mi madre
y papá.

El pub estaba repleto.

Se me llenaron los ojos
de lágrimas
intenté salir
empujando la puerta
en vez de tirar.

Una bronca

Quería escribir un poema
sobre “La Guerra al Terrorismo”

sobre una manifestación palestina
contra la limpieza étnica
y Marks and Spencer’s
en Oxford Street

sobre la poesía burguesa
y los poetas elegantes

sobre la cultura oficial
y la no-existencia
de los poetas no-oficiales

sobre el hecho extraño
que ciertos Estados
(no el mío, gracias a Dios)
quieren suprimir a los poetas
como a Lorca
y a Tilo Wenner

sobre el poder
que piensan
que éstos ejercen

sobre Platón
y su deseo de desterrar
a los poetas.

sobre el suicidio
oficialmente ordenado
de Sócrates

¿Por qué?

¿Qué es lo que nos dicen
los poetas?

Sobre la indiferencia
del público

sobre el apogeo
de los abogados
y sus mentiras
y la desaparición
de los poetas

sobre la superficialidad
de los eventos oficiales
sobre el aprovechar la volada
y subirse al carro

sobre el resurgimiento
de la humanidad
dentro de esta cosa absurda.

Pero no lo hice
escribí en su lugar
‘La Sociedad de los Poetas Muertos’.

El castaño de Indias

Estaba sentado
en The Jolly Topers
en Round Green
mirando fijamente
el lugar
donde estaba,
antes,
el castaño de Indias.

Vi sus ramas
cargadas de candelas blancas
en la primavera.

Vi a los amantes
estrecharse
a la sombra.

Ya no están.

Un anciano
blanco como el papel
susurró:

“La última persona
a ser linchada
en Luton
la colgaron
de ese árbol.”

Luego vi la cara
de un ahorcado
apretada contra el cristal.

Los muertos

Lo veo pasar
por el cementerio
aristócrata.

Se fija
si están
los poemas
que enterró
para agradar
a los muertos.

“Perfecto”,
susurra.

Dice
que la gente
que habita ese lugar
manda saludos
y los respetos
que se merecen los poetas.

Le oigo
decirles
que somos
gente sencilla
sin veleidades.

Dice
que ellos
se ponen
contentos.

Uno le dice
que los visitantes
del lugar
son un poco
altaneros.

“Espero
que tus amigos
no cambien”,
le suelta otro,
riéndose.

Escupiendo sangre

A Raymond Carver

Escupí sangre
en la noche
y me encontré esperando
una radiografía
leyendo el poema de Carver
sobre el perro de su hija
que fue atropellado.

Y luego escribió un poema
contando cómo le escribió ese poema.

Luego leí algo de su padre,
cómo murió,
y pensé en mi padre,
muerto
y lloré.

Floriseo y Muerto

Escribía ayer
sobre Buñuel y Larrea
y de una película
que querían hacer juntos
pero que no hicieron
llamada Ilegible, hijo de flauta.

Buscaba orígenes posibles
del nombre Avendaño
el compañero de Ilegible
en el guión.

De pronto se me ocurrió.

Escribía unos poemas
para Muerto
un libro planeado
por un amigo
en Río Negro.

Escribía al mismo tiempo
sobre Muerto,
personaje en una comedia,
la Comedia Florisea,
escrita por Francisco de Avendaño,
en 1551.

Escribía sobre cómo Muerto,
víctima de infortunios,
y Floriseo,
que padecía
de amor no correspondido,
hicieron un pacto de suicidio
y cómo, antes de llevarlo a cabo,
encontraron a un pastor
que se burló de su proyecto.

Bien está
lo que bien acaba.

Floriseo consigue Blancaflor
en una boda cómica
donde Fortuna derrama
mil ducados
sobre ellos
y promete a Muerto
riqueza.

¿Que significaba todo eso?
¿Dónde estaba yo en ello?

Parecía un buen presagio.

Cerré el libro
y decidí preparar el desayuno
para mi esposa.

Jaungoikua

No sé por qué
me persigue
esa imagen
de Jaungoikua
en un carro
bajando la Gran Vía
en Bilbao
en 1903
o por ahí.

Era el hombre más grueso
que habían visto,
obeso.

Nadie podía comprender
cómo subía
al asiento.

A los niños le parecía
gigantesco
ahí arriba
llevando las riendas
hacia el cielo.

El carro vino
del campo
cargado de legumbres.

“¡Ahí va Jaungoikua!”
“¡Ahí va el Señor en las alturas!”
“¡Ahí va Dios!”
gritaban los niños
cuando oían
el ruido de los cascos.

No sé exactamente
cuando falleció,
alrededor de 1917,
tal vez.

Oí hablar de él
en Córdoba
en 1972
en la casa de Juan Larrea
en el Barrio Jardín Espinosa
no. 1925.
El era de esa pandilla
bilbaína.

El cielo

Los recuerdo
apenas
a los norteamericanos.

Las señoras profesionales
y otras señoritas
de la ciudad
a lo mejor pensaban
que ayudaban
a una campaña solidaria.

Con la cerveza
a 4 peniques
la pinta
y la paga americana
a 5 libras
por semana
los soldados ingleses
con sus diez chelines
no podían abrir la boca

Peleas a puñetazos
estallaban
por la hora del cierre,
a las diez
en esos días.

Jean’s Cafe,
en Mill Street,
era un imán
para los soldados
estadounidenses,
antes y después
del cierre.

Era otro campo de batalla
que le daba mucho que hacer
a la policía militar.

Arriba en Jean’s,
bullía de actividad
sexual,
según dicen,
y a las mujeres
que se veían subir
las consideraban
ligeras de cascos.

Con el oscurecimiento
de la ciudad,
de las farolas,
de los escaparates,
para escondernos
de los aviones enemigos,
las entradas de tiendas
por las noches oscuras
eran la escena
de muchas citas.

Oí decir a alguien
recientemente,
un lutonense
que vive en Columbus,
en América:
“Los yanquis debían pensar
que habían muerto
y que habían ido al cielo.”

La vanguardia

Leí ayer
parte de
la Historia de Olvidos
de Ramón Minieri
y cómo Córdoba olvidó
a Nicolás Guillén.

Habla de Gregorio Bermann
y José Carlos Mariátegui.

Bermann encontró
su propio pensamiento
en unas líneas
de Mariátegui.

Dice:
Somos también
los libros
que hemos leído.

No hay separación
entre la estética
y lo político.

La poesía
es el taller de diseño
de una sociedad mejor.

La vanguardia poética
es eso
vanguardia.

Política y poética
se enlazan
para proyectarse
más allá
de versos
y elecciones.

¿Es por eso que mataron
a Lorca
a Tilo Wenner
y desterraron a Larrea,
a Alberti,
y a no sé cuántos más?

Los cuervos

Los habitantes
de Port Eynon
tienen un apodo:
“ Los cuervos “.

Hay unos árboles altos
en los alcantilados
llenos de cuervos
que vuelan
contra el viento.

Llaman
por encima de ‘El Barco’
la taberna donde Dylan
los miraba
por los ojos de buey.

Sus graznidos
son manchas negras
en el aire transparente
que golpea
la aldea.

Sentados
al calor del fuego
los oímos.

Nos hacen pensar
en Vincent
y en la tentación
de enfrentarnos
a los elementos.

Dieciocho poemas

.A María Teresa, Andrés y Dylan

Quería atravesar
el Río Negro
pero no había puente.

Vi a un barquero
con una capucha negra.

Le pedí que me llevara
al otro lado.

“Dieciocho pesos,”
susurró.

“No tengo dinero,”
le contesté.

“Acepto poesía,”
graznó.

“Dieciocho poemas,
entonces,”
le dije.

“No está mal”,
me dijo
con un rictus extraño
y entré
en la barca.

Golondrinas moradas

Estoy tendido acá
hora tras hora
sobre la hierba
al lado del río

mirando
la nube morada
de golondrinas
que se vuelve
negra
aferrada
como un enjambre
de abejas
a los álamos
agitados
violentos.

Otra cosa
los ha hecho
inquietos
hoy.

La hierba
está mojada.

La lluvia vino
anoche
por fin.

Al día siguiente
15 de febrero
vuelvo
a los álamos
a orillas
del río.

Los árboles
están verdes
ahora
y negros.

Y allí
entre las nubes
que pasan
veo
cuarenta golondrinas moradas
volando al norte.

Echando oraciones

El domingo siguiente
salí
otra vez
con bastones.

Bajé
al río
y caminé
por la orilla.

Vi a un hombre
haciendo patitos
en la superficie
tratando
de alcanzar
la otra orilla.

Nos saludamos
y le pregunté
cómo se llamaba
el juego.

‘Patitos’,
contestó,
‘echando patitos
pero no es
un juego.’

Cada piedra
que tiro
es un deseo
por un amigo
necesitado.

Esa
por un joven
que solicita
un puesto
en Londres
y ésa
por un amigo
que busca
una cura.’

‘¿Puedo tirar una
para vos?’
preguntó
mirando mi pierna.

‘¿Podés tirar
un deseo
para que pare
este
sangrado?’
pregunté
señalando
la rodilla
herida.

Se agachó
y tomó
una piedra
plana
y ancha
y con un giro
de la muñeca
con todas sus fuerzas
la tiró
al río
caudaloso.

El deseo
salió
dando botes
once veces
apenas rozando
el agua
antes de que
se hundiera.

‘Casi un récord’,
lo oí decir.

Vuelve mañana
y lo volveré
a hacer.

Al día siguiente

camino
a verlo
tiré
al agua
uno
de mis bastones
y lo vi
bajar
río abajo
girando y
girando
como las manos
de un reloj.

L’idée + La idea

I said
I was sitting
by the river
reading ‘Délie’
by Maurice Scève,
a poet who wrote
where two rivers meet,
in Lyons,
when a letter came
from a friend who writes
where two rivers meet
and another starts,
in Cipoletti.

The red wax
of his seal
bears a lion’s head.

La idea

Dije
que estaba sentado
al lado del río
leyendo ‘Délie’
de Maurice Scève,
poeta que escribió
donde dos ríos
se encuentran,
en Lyons,
cuando llegó una carta
de un amigo que escribe
donde dos ríos
se encuentran
y otro nace,
en Cipoletti.

La cera roja
de su sello
lleva una cabeza de león.

From Robert Gurney, New Poems to Patagonia (in preparation).

Maurice Scève (c. 1501–c. 1564), was a French poet active in Lyons during the Renaissance period. He was the centre of the Lyons côterie that elaborated the theory of spiritual love, derived partly from Plato and partly from Petrarch.

My Annual Fix

To Andrés Bohoslavsky

I sat down in the Regent’s Park café,
the one I still call The Hub
– they keep changing
the name.

It may be now
The Regent’s Benugo.

I ordered a coffee
and read your latest book:
The Waitress Who Thought
She Was Greta Garbo
And The Plumber who Dreamt
He Was Lenin
.

I couldn’t leave
until I had finished.

When I got up to go
I felt refreshed.

I had had my fix for the year,
a hundred times stronger
than my Americano.

Mi dosis anual

Para Andrés Bohoslavsky

Me senté en el café del Regent’s Park,
el que todavía llamo el Hub,
aunque siguen cambiando
su nombre.

Tal vez hoy
es The Regent’s Benugo.

Pedí un café
y leí tu último libro:

La camarera que se creía Greta Garbo
y el plomero que soñaba ser Lenin.

No pude salir
hasta que lo terminé.

Cuando me levanté para irme
me sentí rejuvenecido,
habiendo tenido mi dosis anual,
cien veces más fuerte
que mi café ‘Americano’.

“Acabo de leerlo. ¡Me encantó! Charmant, visceral, fuerte, conciso.” (Alejandro González Foerster, Argentina, 09.04.17)

Juan Larrea

¿Cómo pudo sostenerlo
en la cabeza?

¿Cómo pudo soportarlo?

Hubo un accidente.

Un Comet se estrelló.

Le dijeron que fuera
a Sao Paulo.

Viajó al sitio
donde habían muerto su hija
y su yerno.

Dejó fluir
las cenizas
por sus dedos.

Robert Edward Gurney

Juan Larrea

How could he hold it
in his head?

How could he bear it?

There had been accident.

A Comet had crashed.

He went to the site
where his daugther
and her husband
had died.

He let the ashes flow
through his fingers.

Robert Edward Gurney, Poemas para Vallejo y Larrea (inédito)

The Stainer Street Arch Bombing

Again and again
I have been drawn to that spot
in London.

I should have been reading
some articles on Dylan Thomas,
César Vallejo and Pablo Neruda
that had just arrived
from Patagonia.

I should have been reading
‘La guacha’ and ‘El camarote’
in a waiting room
twenty one floors
above the River Thames.

I could have been walking
among people wearng poppies
across the wobbly bridge
between St Paul’s
and The Tate.

I could have been visiting
Shakespeare’s Globe,
and run my hand,
like so may others
over his effigy,
rubbed smooth and shiny,
in Southwark Cathedral.

I could have gone aboard
Drake’s Golden Hind
in which he sacked Valparaiso
and tried to take
Panama.
(It’s a copy.)

I could have heard
the recorded cries
in the underground jail
called The Clink
where heretics were kept.

I could have eaten fish
in Borough Market.

I could have dived
into the tapas bars,
both Spanish amd Latin American,
next to Blackfriars Bridge.

There was so much
that I could, or should,
have done.

Instead I was drawn
to a plaque
in a dingy tunnel
that runs overground
under the station.

It’s called Stainer Street.

It has no houses,
just doors in the walls
encrusted with dirt,
few of which
are still opened.

It was here,
sixty five years ago
that sixty eight people,
sheltering from the Blitz,
were killed by a bomb.

It was here
that one hundred and seventy five
men, women and children
were mutilated
by the blast.

I felt that I had to remember them.

Robert Edward Gurney
Stainer Street, SE1 (London Borough of Southwark)
Remembrance Day, Friday 11 November, 2005
From London Poems (unpublished)

La Dama Verde

Desde hace días
arde en mí
la Dama Verde.

Desde hace dos días
quiero escribir un poema
sobre ella.

Pero ¿qué podría decir?
Es alta y hermosa.

Un resplandor la ilumina
y también a todo cuanto la rodea.

El camino, el borde,
los arbustos y las ramas
que cuelgan por encima,
están todos bañados
por una luz verde
cuando camina
desde la Casa Alta
a la gruta.

¿Quién es?
¿Qué significa?

Afuera,
en el jardín
el pasto y los árboles
recuperan su verdor.

Robert Gurney, Poemas para Dylan (unpublished)

The Green Lady

For days now
she has been burning
in my mind,
the Green Lady.

For two days now
I have wanted to write a poem
about her.

But what can I say?

She is tall
and beautiful.

A green glow illuminates her
and everything around her.

The road, the verge,
the bushes and the branches overhead
are all bathed
in a green light
as she walks
from the High House
to the lost grotto.

Who is she?
What does she mean?

Outside,
in the garden,
I see that the bushes and trees
are turning green.

Dylan Dying

The whole of South Wales
seemed to be burning
that evening,
Guy Fawkes.

Columns of black smoke
rose here and there
on the outskirts
of Swansea.

I thought I glimpsed Dylan
through a dark curtain.

I saw him for an instant
struggling for breath
in a hotel room
in New York.

Dylan muriendo

Todo Gales del Sur
parecía estar ardiendo
esa tarde,
Guy Fawkes.

Columnas de humo negro
se levantaban simultáneamente
en las afueras de Swansea.

En ese momento vislumbré a Dylan
a través de una cortina oscura.

Lo vi por un instante
luchando por respirar
en una habitación
en Nueva York.

De mi libro Para Dylan

La Sociedad de Admiración Mutua

Pensé que estaba soñando.
No podía ser cierto
lo que allí estaba sucediendo.

Ahi estaba sentado
afuera del círculo
de algunos de los mejores rimadores
de Inglaterra.

No era el tipo de sociedad de la poesía
en la que, sólo por ir,
las personas sienten
que se han convertido
en poetas.

Estos eran lo real.

Uno a uno
tomaron el micrófono,
sonriendo amablemente
a medida que las palabras
salían a borbotones.

Rondas de aplausos
y gritos de alegría
saludaron unas líneas
acá y allá
que me parecían
no ser nada especiales,
hasta que caí en la cuenta.

Hacían referencias
a los poemas
de sus amigos.

Estaban reforzando
mutuamente
los egos.

Era nada menos que
una sociedad
de admiración mutua.

No era un sueño.
Realmente ocurrió,
aunque todavía
no puedo
creerlo.

De mi libro Poemas de Londres (en preparación)

The Mutual Admiration Society

I thought
I was dreaming.
It couldn’t be true.
There I was
sitting outside a circle
of some England’s finest
rhymesters.
It wasn’t
the sort of poetry society
in which, just by going,
people feel they have become
poets.
These were the real McCoy.
One by one
they took to the mike,
smiling graciously
as the words
came tumbling out.
Rounds of applause
and squeals of delight
greeted many a line
that seemed to me
to be unremarkable,
until the penny dropped.
They were referencing
each other’s poems!
They were building up
each other’s egos.
It was nothing less than
a Mutual Admiration Society.
It was not a dream.
It actually happened,
although I still can’t believe
that it did.

Ghosts

I have been told
that on some dark nights
there, where Dylan finally wanted to live,
on the slopes of Rhossili Down, below the Moor,
you can sometimes glimpse
the ghosts and the bones
of Stone Age men
coming down
like zombies
towards you.

Fantasmas

Se le dijo que en una noche oscura
detrás de la colina, detrás de la Rectoría,
a veces se podían sentir
los fantasmas y los huesos de los hombres
de la edad de piedra
venir hacia él,
como zombis.

From books in progress.

Presents

It’s your birthday.

Here.
It’s a present
from your father,
a tangerine,
boiled sweets.

It’s Christmas.
Here’s another
and another
and another.
Here.

I didn’t want presents
I wanted my dad.

But he wasn’t there.
He was in Africa
and Italy
fighting nazis.

Perhaps that’s why presents
sometimes make me sad.

Regalos

Es tu cumpleaños
toma,
es un regalo
de tu padre,
una mandarina,
caramelitos.

Es Navidad,
aquí tienes otro
y otro
y otro.
Toma.

No quería regalo alguno,
quería que estuviera mi padre.

Pero no estaba.
Estaba en África
e Italia luchando contra los nazis.

Tal vez por esto
los regalos me entristecen.

Robert Gurney, La casa de empeño y otros poemas, The Pawn Shop and Other Poems, Madrid, 2014.

Dylan’s Head

I didn’t know
that Dylan’s head
had lain for years,
forgotten and unknighted,
in a guillotine-style basket,
together with those
of Sir William Walton,
Sir Thomas Beecham,
and Sir Malcolm Sargent.

From a book in progress.

La cabeza de Dylan

No sabía que la cabeza de Dylan,
abandonada y olvidada por años,
sin ser reconocida,
yacía en una cesta de estilo guillotina,
junto con las de Sir William Walton,
Sir Thomas Beecham y Sir Malcolm Sargent.

El halcón peregrino + The Peregrine Falcon

Mi mente aún retorna
al ave que irrumpió en mi vida
ese día en Port Eynon.

Estaba a mi alcance,
a unos pocos centímetros
que casi podía tocarla.

Las líneas en su pecho
se asimilaban a las olas
que dibujan los niños.

Se detuvo en una cerca
mirándome, sin parpadear,
mientras yo la observaba.

The Peregrine Falcon

My mind keeps going back
to the bird that burst into my life
that day in Port Eynon.

She was so close,
I could almost reach out
and touch her.

The chevrons on her breast
were like the waves
that children draw.

She just sat there on the fence
staring at me, without blinking,
while I stared at her.

Robert Edward Gurney, 09.09.16, from a book in progress.

Maritza Castro, Santiago, Chile, 08.09.16: “Es un poema bellísimo. Me despertó entre tristeza, alegría, nostalgia, recuerdo de la inocencia, sorpresa, miles de cosas.”
“It’s a beautiful poem. It awakened in me something between sadness, joy, nostalgia, memories of innocence, surprise, thousands of things.”

Los muelles + The Wharf

Después conduje al Río Salado.

No hay muros de calaveras.

No hay más que muelles de madera
donde, hace más de cien años,
cargaban las barcazas:
los cueros,
la lana de oveja para tejidos,
la carne salada y la grasa
rumbo a Inglaterra.

The Wharf

I then drove down
to the River Salado.

There are no walls of skulls,
only wooden docks
where, over a hundred years ago,
they loaded the barges:
hides,
sheep’s wool for clothing,
salted meat and fat,
on their way to England.

Trans. R. Gurney, 17.08.16. From an expanded English version, Poems to Patagonia, in preparation.
Robert Gurney, Poemas a la Patagonia, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2009.

El código Da Vinci + The Da Vinci Code

A lo lejos
sobre los acantilados
por encima de la aldea
de Horton
algunas vacas
ampliadas por la luz que engaña,
comen hierba.

En la playa
de Port Eynon Bay
bajo el bosque
donde Dylan se sentó una vez
mujeres hermosas en bikinis
leen un libro
que algunos dicen
está repleto
de mentiras.

Robert Edward Gurney, De un libro en preparación.

Alicia Solda Mazzini: Qué bello y despojado, brilla este poema!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

The Da Vinci Code

On the cliffs
in the distance
above the village of Horton
huge cows
magnified
by a trick of the light
are eating the grass.

On the beach
below the trees
where Dylan once sat
beautiful women in bikinis
are reading a book
that some say
is full of lies.

Robert Edward Gurney, Dylan’s Gower, Cambria Books, Llandeilo, 2014.

Night in Buganda + Una noche en Buganda

I stand by my window
in Namilyango,
twelve miles from Kampala,
and look out across
the tops of trees.

Orange beams
from fires that I cannot see
reach up, here and there,
into the darkness
like truncated searchlights.

Bursts of drum beats:
village is talking to village.

I drum my fingernails
on the fridge door.

I ask the brothers on the campus
what it’s all about.

Nobody seems to know.

Robert Edward Gurney, from A Night in Buganda, 2014 (adapted).

Una noche en Buganda

Estuve en mi ventana
en la selva
mirando por encima
de los árboles.

La luz de las llamas
se alzaba en el cielo
hasta el horizonte.

Ráfagas de son,
de tambores que hablaban
el uno con el otro,
atravesaban el aire.

Un hermano pasó
cuesta abajo,
en su moto,
con una chica
en el asiento trasero.

Pregunté a mis vecinos
qué pasaba
pero nadie parecía saber
de qué se trataba.

(De un un libro en preparación.)

The Somme

Fantasmas (+ Ghosts)

Hoy me encontré
en Dunstable
conduciendo por sus calles,
buscando una tienda de espejos.

Las casas,
en aquella parte de la ciudad,
son victorianas.

Datan de la época
de mis abuelos
y bisabuelos.

Sentí como si hubiera retornado
a un tiempo
anterior a mi nacimiento.

Sentí cómo mi alma se apagaba.

La sensación
era casi dolorosa.

Las imágenes comenzaban a aparecer.

El padre de mi padre
muriendo lentamente
en su cama
de la fiebre de las trincheras,
sin poder articular palabra.

El padre de mi madre
en un refugio
jugando a las cartas
y volando en pedazos
por un proyectil enemigo
para caer de nuevo al suelo
sobre los cadáveres
de sus amigos.

Mi tío Claude,
una persona tan dulce,
quien día tras día
se lanzaba desde las trincheras
bayoneta hacia adelante
sobreviviendo a todo.

Mi tío Frank,
el hermano de mi padre,
ahora muy anciano,
veía a su amigo muerto
al lado suyo,
en una guerra posterior,
en Monte Cassino.

Cuando salí de la ciudad
había otras imágenes
que me perseguían
por la calle.

Ghosts

I found myself in Dunstable
today,
driving around the streets,
looking for a shop
that sells mirrors.

The houses,
in that part of the town,
are Victorian.

They date
from my grandparents’
and my great-grandparents’ time.

I felt I had gone back
to an age
before I was born.

I felt the life
draining out of me.

The feeling was almost painful.

The images started to appear.

My father’s father
dying slowly in his bed
from trench fever,
unable to talk.

My mother’s father,
in a dugout,
playing cards
then blown sky high
by an enemy shell,
falling back downto the ground
onto the dead bodies
of his friends.

My uncle Claude,
the gentlest of men,
who, day after day,
went over the top,
bayonet fixed
and survived it all.

My uncle Frank,
my father’s brother,
now in his nineties,
seeing his friend decapitated,
next to him,
in a later war,
at Monte Cassino.

There were other images
that pursued me down the road
as I left the town.

Robert Gurney, La casa de empeño y otros poemas / The Pawn Shop and Other Poems, Lord Byron Ediciones, Madrid 2104.

On football. Sobre el fútbol.

Pope’s Meadow (+ La pradera de Pope)

I don’t know why
my eye is often drawn
to Pope’s Meadow.

“It’s a beautiful space”,
a friend from Delhi whispers.

It’s more than that.
Until I was five or six,
the limits of my world
were the lines drawn in chalk
around the football pitch.

It was our patch,
no one else’s.

Backwards and forwards we rushed,
chasing our battered ball.

When it started to get dark,
we trudged slowly home,
under the candelabra
of the chestnut trees,
our legs like lead.

The other side of the meadow
was another world.

We just didn’t go there.

La pradera de Pope

No sé por qué
mis ojos son a menudo atraídos
a la Pradera de Pope.

“Es un espacio precioso,”
susurra una amiga de Delhi.

Es más que eso,
hasta la edad de cinco o seis años
en el rincón al fondo, a la izquierda,
las líneas dibujadas con tiza
alrededor del campo de fútbol
eran los límites de mi mundo.

Era nuestro territorio,
sólo el nuestro.

Hacía delante y hacia atrás corríamos
cazando el balón estropeado.

Al anochecer marchábamos penosamente
bajo los candelabros de los castaños de Indias,
los pies nos pesaban como plomo.

El otro lado de la pradera
era otro mundo.

Simplemente no íbamos allí.

Robert Gurney, La Libélula y otros poemas/The Dragonfly and Other Poems, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2013.

(Brian Ings: How is it even possible to write the same poem in two languages, Robert, with no discernible ‘lost in translation’-element?! I am so impressed. Amazingly done!)

El muro

Tuve un sueño
de una casa
a orillas
del Río Salado.

Su jardín
tenía un muro
hecho de calaveras
de vacas,
ocho o nueve cráneos
de alto,
los cuernos
sobresalientes,
sus cuencas vacías
mirando fijamente,
amenazantes,
viendo nada,
advirtiendo
a los transeúntes
que no se acerquen
a la casa rosada
cuyo techo
asomaba.

Un amigo,
un pintor argentino,
acaba de decirme
que ese muro
ha desaparecido.

Robert Gurney, De Poemas a la Patagonia.

English version (unpublished)

The wall

I had a dream last night
of a house
on the shore
of the River Salado.

Its garden
had a wall
built with the skulls
of cows.

It was eight or nine skulls high,
the horns stuck outwards,
their empty eye sockets
staring,
threatening,
seeing nothing,
but warning
passers-by
to stay away
from the pink house
the roof of which
could just be seen.

A friend,
an Argentine painter,
told me just now
that the wall
has disappeared.

Robert Gurney, from a book in preparation.

Góngora en Port Eynon

Estaba sentado en un banco
en el paseo marítimo de Port Eynon
disfrutando del sol y del mar.

En mi portátil encontré el soneto,
“Para una Rosa’,
de Luis de Góngora.

Ayer Naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿Quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco lucida estás,
y Para Ser sin nada Estás lozana?

Luego leí que un hombre sin hogar, un homeless
llamado Luis Góngora
había sido asesinado a tiros
por agentes de la policía en San Francisco.

Un testigo dijo que no representaba
ninguna amenaza para nadie.

Sólo había estado sentado allí
disfrutando del sol
con la cabeza apoyada en una pared
y el rostro hacia arriba.

Góngora in Port Eynon

I was sitting on a bench
at the front in Port Eynon
enjoying the sun and the sea.

On my laptop
I found the sonnet,
‘To a Rose’,
by Luis de Góngora.

Born but yesterday, to die next dawn;
Living so swiftly, who gave you life?
Being so briefly, you shine brighter,
Fresher for not being nothingness!

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

I then read that a homeless man
called Luis Góngora
had just been shot dead
by police officers
in San Francisco.

A witness said
that he posed no threat
to anyone.

He had just been sitting there
enjoying the sun
with his head against the wall.

Robert Gurney, 12 May, 2016 (from a book in progress).

Luis de Góngora y Argote, Baroque poet, (born July 11, 1561, Córdoba, Spain—died May 23, 1627, Córdoba).

La cruz de San Catwgg

La pálida sombra de la cruz gris
de la cuchara de amor
del campanario
apoyada contra la pared blanca
de la casa vecina.
calentándose un poco, antes de trasladarse
hacia arriba …

ningún pensamiento, ninguna teología,
solo la sorpresa y el deleite
de lo inesperado.

St Catwgg’s Cross

The pale shadow
of the grey cross
of the love-spoon
bellcote tower
leaning lazily against the white-washed wall,
warming itself a little, before moving
upwards …

no other thought,
no theology,
just surprise
and delight at
the unexpectedness.

Robert Gurney, Port Eynon, 2015. From a forthcoming book.

La bahía de Dylan

Llamé al marmolista
para hablar de las palabras
que queríamos poner
sobre la tumba de mi suegra.

Estuvo en el cementerio
de Oystermouth,
no muy lejos
de la casa de Dylan.

Dijo que estaba trabajando
en el sitio más hermoso
del mundo:
la bahía de Swansea.

Robert Gurney, Antología, Madrid (fecha de publicación aplazada hasta 2017).

Dylan’s Bay

I rang the monumental mason
on my mobile
to discuss the words
for my mother-in-law’s tomb.

He said he was working
in the most beautiful spot
in the world,
overlooking Swansea Bay.

He was, he said,
in Oystermouth Cemetery,
not far from Dylan’s house.

Robert Gurney, To Dylan, Cambria Books, 2014.
verpress.com

Alondras

Ciento veinte alondras
fueron observados hace poco
en los campos cerca de Tempsford
en el norte de Bedfordshire.

Había una bandada de ochenta y cinco.
En los tiempos de mis abuelos
las alondras eran tan numerosas
que las cazaban con red,
las desnucaban, las comían.

Se dice que en Inglatera
mataban a tres mil y medio diariamente
durante la temporada.

Cien kilos iban a París, cincuenta a Londres.

No oyes tantas ahora
en el ciel alrededor de Luton.

Unos dicen
que es por las prácticas agrícolas modernas.

En el campo de golf bajo Warden Hills
y sobre las colinas de Dunstable Downs
es más probable que escuches
el sonido de los aviones con motor de reacción
al aterrizar o despegar
del aeropuerto de London-Luton.

Robert Edward Gurney.

http://verpress.com/dragonfly-by-robert-gurney/

Sky Larks
A hundred and twenty sky larks
were spotted the other day
in fields near Tempsford
in the north of Bedfordshire.

There was one flock of eighty-five.

In our grandparents’ day
larks were so numerous
that they were netted,
killed and eaten.

They say that in England
three and a half thousand were slaughtered
every day
during the season.

Two hundredweight went to Paris,
one hundredweight to London.

You don’t hear so many now
in the skies around Luton.

Some say it’s because of modern farming.

On the golf course at Warden Hills
and on Dunstable Downs
you are more likely to hear
the sound of jets
landing or taking off
from London-Luton Airport.

La Libélula y otros poemas (Spanish Edition). Dual language edition. The Dragonfly and Other Poems

AMAZON.CO.UK

The Dark Room

One of my greatest pleasures
when I was a child
was to stand on tip-toe
next to my father
and watch him develop
his plates.

We spent hours
like that.

There was a red light
in the room.

At first you could see nothing,
then some marks,
some shapes,
until at last
the whole scene would appear:
a view of the countryside,
a river,
a Christmas party,
the town’s footballers.

They seemed like small miracles.

When I start to write
the room is dark
and there is nothing
apart from the blue light
of the screen
and a white rectangle,
and a feeling,
an image,
the memory of something real
or dreamt, ideas
that slowly take shape.

Robert Gurney, La casa de empeño y otros poemas (bilingüe), 2012.

El cuarto oscuro

Uno de mis placeres
cuando era niño
era estar
en puntas de pie
al lado de mi padre
y verlo revelar
sus placas.

Pasábamos horas
así.

Había una luz roja
en el cuarto.

Al principio
no se veía nada,
luego unas manchas,
una formas,
hasta que al fin
toda la escena
aparecía:
una vista del campo,
un río,
una fiesta de Navidad,
futbolistas de Luton Town.

Parecían
pequeños milagros.

Cuando me pongo
a escribir,
el cuarto está oscuro
y no hay nada
salvo la luz azul
de la pantalla
y un rectángulo blanco
y un sentimiento,
una imagen,
la memoria de algo real
o soñado,
ideas
que poco a poco
toman forma.

Antología Poética de Robert Gurney, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2016.

Postmodernismo

Veo a Cenicienta
robar la tarjeta de crédito de un rico,
y comprarse
cualquier cosa
que ve en el escaparate.

Cambio el canal.

Antología Poética de Robert Gurney, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2016.

Postmodernism

I see Cinderella
stealing the credit card
from a rich man
and buying
anything she sees
in a shop window.

I change the channel.

Translation, Robert Gurney, 03.02.16.

Elal

Completada su tarea,
se convirtió
en pájaro
y voló con el cisne
hacia un punto
en el este
donde el cielo se junta
con el mar.

En el camino
fue arrojando flechas
para crear islas
donde descansar.

Al llegar
al horizonte
subió al cielo
para aguardar
nuestras almas.

Robert Gurney, Poemas a la Patagonia

(Elal is the mythical hero of the Tehuelches)

Elal

His task completed,
he turned
into a bird
and flew with the swan
to a point
in the East
where the sky meets
with the sea.

On the way
he fired arrows
to create islands
on which to rest.

Arriving
at the horizon
he ascended into heaven
to await
our souls.

Translation R. Gurney, 26.01.16. Included in Poems to Patagonia (in preparation)

http://www.amazon.co.uk/Poemas-Patagonia-Robert-Gurney/dp/8498866081

La fábrica de aluminio

Volví a ese bar
en Puerto Madryn
y pedí una Bieckert.

Me habían dicho
que el galés
bebía allí.

Y ahí estaba.

“¿Tienes la impresión
que son muchos
o pocos ahora
los galeses, acá?”
pregunté.

“Mira,
Puerto Madryn,
donde estamos,
era un pueblo
de cuatro mil personas
en mil novecientos
setenta y cuatro.”

“Luego crearon
una fábrica
de aluminio
y la población pasó a ser
en menos de un año
de veinte cinco mil personas.”

“De todas maneras,
en Madryn
somos muy pocos.”

Robert Gurney, Inédito.

The Aluminium Factory

I went back to that bar
in Puerto Madryn
and ordered a Biekert.

I had been told
that the Welshman
drank there.

And there he was.

“Do you have the impression
that here are many
or few Welsh people here now?”,
I asked.

“Look,
Puerto Madryn,
where we are,
was a town
of four thousand people
in nineteen seventy four.

Then they built
an aluminium factory
and the population rose
in less than a year
to twenty five thousand.”

“Anyway,
in Madryn
we are very few.”

Robert Gurney, unpublished.

verpress.com

La foto

Me senté
en la playa
en Port Eynon.

Puse la foto
en la arena.

Era de un amigo
y su padre
a orillas de un lago.

Dormí.

Cuando me desperté
el mar había subido
y la foto
desaparecía
bajo el agua.

Robert Gurney, El cuarto oscuro, 2008.

The Photograph

I sat down
on the beach
in Port Eynon.

I put the photograph down
on the sand.

It was of a friend
and his father
by a lake.

I fell asleep.

When I woke up
the tide had come in
and the photo
was disappearing
beneath the water.

Green Swans

Yesterday
I saw some horses
drinking water from an abandoned boat
in a field
near Berkhamsted.

“I don’t like poems
about green swans
swimming through white meadows,”
José María de Cossío told me,
bluntly,
in his mansion in Tudanca,
referring to the poetry
of Juan Larrea.

He complained
that Larrea was the only poet,
out of the forty he had approached,
not to have sent him a poem
for an anthology
that he was preparing.

And, today,
thirty-six years later,
I still cannot find
a green swan
in Larrea.

From a book in progress.

Hormigas

Ahora tenía fiebre.

La batalla había cesado
y mi amigo había vuelto.

Estaba tendido con la mano abierta
sobre la arena.

De donde me encontraba, parecía
que salían de mi palma extendida
y bajaban corriendo un camino
cuatro pulgadas de ancho
que conducía de la maleza
a su hormiguero
cada una llevando en la boca
la carga de una comida
una hoja
en forma de la vela
de una barcaza
del Támesis.

“‘Las hormigas
arrastran nuestras lágrimas
de este a oeste’,
escribió Juan Larrea
a la memoria de Juan Gris,”
le dije a mi amigo.

Se oyó un llanto extraño.

“¿Por qué lloran?”
le pregunté.

“Porque saben,”
me contestó,
“que están a punto de morir.”

De Robert Gurney, Poemas a la Patagonia, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2009.

Publicado por primera vez en mi poemario Poemas a la Patagonia, Prólogo y selección de Andrés Bohoslavsky, Verulamium Press, St Albans, 2004. ISBN: 0-9547166-1-2.

Ants

By now
my fever was high.

The battle had stopped.

My friend had returned.

I lay with one hand outstretched
on the sand.

From where I was lying
the ants seemed to be pouring
out of my upturned palm.

They were hurrying down a road
four inches wide
that led from the bushes
towards their nest
each carrying in its jaws
a meal, a leaf,
shaped like the canvas
of an old Thames sailing barge.

‘Ants drag our tears from east to west,
Larrea wrote,
in memory of his friend, Juan Gris,
‘I whispered.

A strange wailing began.

‘Why,’ I asked, ‘are they crying?’

‘Because they know,’
my friend said,
‘that they are going to die.’

Robert Gurney, December, 2015.

English version of ‘Hormigas’, Poemas a la Patagonia, 2009.

El profeta

La ballena lo escupió
en la playa
de San Antonio Oeste
o en algún sitio
cerca de allí.

Caminó tierra adentro
armado de un mapa
del Paraíso
en el norte
de Argentina.

Llegó a una ciudad
llena de fábricas
y empezó a enseñarles
lo que llevaba.
Lo encerraron
en un cuarto
y le dijeron
que se callara.

Los estudiantes
pasaban delante de su puerta
sin saber quién era.

Adentro,
estudiaba minuciosamente
los poemas
de César Vallejo.

Robert Gurney, Antologia, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2016.

The Prophet

To Juan Larrea

The whale spat him out
on the beach
in San Antonio Oeste
or somewhere near there.

He walked inland
armed with a map of Paradise
in the north of Argentina.

He came to a city
full of factories
and began to show them
what he had with him.

They locked him in a room
and told him to be quiet.
Students went past his door
not knowing who he was.

Inside,
he pored over
the poems of César Vallejo.

(Translated by the author 11 December, 2015.)

Ritmos

A Ramón Minieri

El primer poema que escribí
lo desató
el sonido de zapatos de tacón
golpeando la vereda
fuera de nuestra casa
en Luton.

Tenía quince años.

Un amigo mío,
que vive en Río Colorado,
recuerda el clip-clop, clip-clop
de las herraduras
retumbando en los adoquines
fuera de su casa
en Bahía Blanca.

Todavía puede oír el eco.

Rhythms

To Ramón Minieri

The first poem I wrote
was triggered by the sound of high heels
striking the pavement,
outside our house
in Wardown Crescent.

I was fifteen.

A friend of mine,
who lives now in Río Colorado,
remembers the clip-clop, clip-clop
of horse-shoes
on the cobble stones
outside his home
in Bahía Blanca.

He can still hear the echo.

Extract from Robert Gurney, La libélula, The Dragonfly, 2014.

El puente

Cuando era niño
había un puente colgante chino
en el parque Wardown.

Aún sigue ahí, pero ahora
con más medidas de seguridad.

Nos encantaba hacerlo balancear
como un caballito mecedor
o un columpio gigante.

Por debajo el agua fluía
lentamente.

Una cerilla tardaba más de un minuto
en cruzar por debajo.

Entonces nos parecía que la vida
duraría eternamente.

Hoy el lago está helado
y el río inmóvil.

Robert Gurney, Antologia Poética, 2016 (in press)

The Bridge

When I was a child
there was a Chinese suspension bridge
in Wardown Park.

It is still there, although now
they have made it safer.

We loved making it sway
like a rocking horse
or a giant swing.

Underneath it the water flowed
slowly.

A match would take more than a minute
to pass underneath it.

it seemed to us then
that life would last forever.

Today the lake is frozen,
the river still.

Silvia Beatriz Politano: Me lo llevo, Robert.
November 4, 2015.

Tony De Sarzec: Great Bob. Made me cry.

Tony De Sarzec: “It seemed to us then
that life would last forever.
Today the lake is frozen,
the river still.”
Just wonderful.

Carola Hölscher Hermoso, hermoso!!

Analía Pascaner: Conmovedor poema. Gracias Bob

Ana Julieta Fernandez Jimenez: Muy hermoso.Paco Amaro Realmente bueno !!!

Mariagustina Nohález Lozano Precioso …y real.

Orlita Del Valle Chapur Me gusta tu poesia descriptiva!

Sue Brown: Lovely on memory and time…

Rosario Carmen Morales: Hermoso.

Alicia Solda Mazzini Qué hermoso!!! y esa nostalgia de la niñez…

Hector Sandoval Memorias inolvidables plasmadas poesia !!!!

Francisco Medina Hermoso. Muy bello. Enhorabuena
November 5, 2015.

Annie Davison Love it,from memories to stillness lively,like this time of year,so very apt that we look back over the year.

Carlos Guerrero Gallego El tiempo relativo y el pensar en absoluto están muy bien reflejados en este estupendo poema. Un abrazo.

Pilar Hernandez Grima:¡Qué bello, me encanta!!

Jorge Lacuadra: ¡Precioso poema!

Port Eynon From Space

To Vicente Huidobro

The sun is setting.
The sky is cloudless.
The earth looks beautiful.
Half of it is in darkness.
Its cities are bright dots.
The lights are on
in Barcelona and Paris.
It is still daylight
in London and Madrid.
The sun is still shining
in Ceuta and Gibraltar.
It’s night time
in the Mediterranean.
In the middle of the Atlantic
you can see the Azores.
Below them, to the right,
is Madeira.
Further down are the Canaries.
Close to Africa,
you can see Cape Verde Islands.
The Sahara is huge
and can be seen
even at night.
To the left, on top,
is Greenland,
totally frozen.

There’s a flash of light in Port Eynon,
as I open the bedroom window
to let a butterfly out.
Did you see it, Vicente?

Robert Edward Gurney, To Dylan, Cambria Books, Llandeilo, 2014.

Germaine Greer, during the day-long feast of poetry on BBC Radio 4 yeaterday, made the point that the things that really worry young people are global warming and rising sea levels. My younger son had this dream. I included it in my book To Dylan (2014). Willliam created the cover image which includes lines from the poem inscribed on it. (South Wales was hit by a tsunami centuries ago.) Germaine Greer, durante la fiesta de la poesía en la BBC Radio 4 ayer, enfatizó que las cosas que realmente preocupan a los jóvenes son el calentamiento global y el aumento del nivel del mar. Mi hijo menor tuvo este sueño. Lo incluí en mi libro A Dylan (2014). Willliam creó la imagen de portada que incluye líneas del poema inscritas en ella. (Gales del Sur fue golpeado por un tsunami have silos.)

My Son’s Dream

to my son William
We were walking
through the waves
on the beach in Port Eynon
without a care
in the world.

We didn’t see it coming,
the tsunami.

We were pointing
at tall stones
that had been carved
into statues
standing in the water
some distance
from the shore.

One of them
looked like Dylan.

Then it hit us.
I was hurled
onto the rocks.

My brother
and his friend
were sucked out.

Everybody disappeared
but me,
under the waves.

I ran into the water
to try to rescue my brother
and his girl friend
but they were nowhere
to be seen.

One by one
people started bobbing up,
gasping for air.

I had almost given up hope
when they reappeared
and threw themselves
onto the ground
on a mound
behind the Salt House.

Robert Edward Gurney, To Dylan, Cambria Books, Llandeilo, 2014.
The Spanish version is included in Para Dylan (in preparation).

El tsunami (un sueño)

(A mis hijos James y William)

Paseábamos
sin ninguna preocupación
en la playa de Port Eynon.
No vimos venir el tsunami.

Señalábamos
unas piedras altas
que fueron esculpidas
con formas humanas
de pie
en el agua.

Una de ellas
parecía a Dylan.

Fui arrojado
sobre las rocas.

Mi hermano
y su novia
fueron tragados
por el mar.

Todo el mundo desapareció
salvo yo.

Corrí para rescatarlos
pero no los ví
por ningún lugar.

Una a una
la gente reapareció
jadeando
pero ellos no.

Perdía las esperanzas
cuando aparecieron
como corchos.

Nos echamos en la arena
tras la Casa de Sal
y nos dormimos.

Three Churches

After dinner
I saw them go
to the edge of the Rio Negro.

The water was as smooth
as a mirror
and in it you could see,
reflected,
the lights of Carmen de Patagones.
Its church,
under the moon,
looks like the one
in Portugalete
at the mouth of the Nervión
and the one,
under a purple sun,
hanging on my wall,
that Dalí knew as a child
in Cadaqués.

Translation of La tres iglesias, from Poemas a la Patagonia, 2004 and 2009.

Las tres iglesias

Los vi caminar,
luego de la cena,
hasta la orilla del río Negro.

El agua era como un espejo.
En ella se veían
reflejadas
las luces de Carmen de Patagones.

Su iglesia
bajo la luna
se parece a aquella
de Portugalete
en el Abra del Nervión
y a esa,
bajo un sol violeta,
colgada en mi pared,
que Dalí conocía
d
de Cadaqués.

Robert Gurney, Poemas a la Patagonia, 2004 y 2009.

Sounds
I remember
the sound
of the Town Hall Clock.
On a good day
you could hear it
a couple of miles away.
The town
was full
of sounds:
the rooks
in Lovers’ Lane,
the news vendor
on the corner
opposite The Brewery Tap
who did bird whistles
while waiting to sell
the next paper,
the sirens
warning
of an impending
attack,
tea break time at Vauxhall
announced by a fanfare
of trumpets
then the chimes
to say that the break
was over.
In the fifties
and sixties
you had to put your hands
over your ears
when the wind tunnel started up
at the airport
(there was talk
of secret missiles).
The hum
of the MI
in the distance;
the chimes of the Westminster clock
that sat on our mantle-piece
imitating Big Ben
that I haven’t rewound
since my parents died.
Robert Edward Gurney, To Dylan, Llyfrau Cambria, Cambria Books, Llandeilo, 2014.

 

 

 

 

 

 

 

The Crows

The inhabitants of Port Eynon
have a nickname,
they are called ‘the crows’.

There are some tall, scrawny fir trees
on the cliff above our house
full of crows that fly up
into the teeth of the wind.

They call out over The Ship
where Dylan drank
and watched them through the portholes
planning a night of passion.

Their caws are dark stains
on the transparent air
that whips the village.

Sitting by the fire
we can hear their cries
coming down the chimney.

They make us think of Vincent
and the temptation
to brave the elements.

Robert Edward Gurney, To Dylan, Cambria Books, Llandeilo, 2014, pp.13-14.

(The Vincent here is Vincent Van Gogh.)

Los cuervos

Los habitantes
de Port Eynon
tienen un apodo:
‘los cuervos’.

Hay unos árboles altos
en los alcantilados
llenos de cuervos
que vuelan
contra el viento.

Llaman
por encima de ‘El Barco’
la taberna donde Dylan
los miraba
por los ojos de buey.

Sus graznidos
son manchas negras
en el aire transparente
que golpea
la aldea.

Sentados
al calor del fuego
los oímos.

Nos hacen pensar
en Vincent
y en la tentación
de enfrentarnos
a los elementos.

‘The Crows’ appeared first as ‘Los cuervos’, in Spanish, not in English, in the anthology Nueve monedas para el barquero [Nine Coins for the Ferryman.

Ref.: Nueve monedas para el barquero, Antología, edición a cargo de Robert Gurney, Verulamium Press, St Albans, 2005. ISBN 0-9547166-3-9. 100 pages. Nine poets, eight Argentinian, one British: María Teresa Andruetto / Raúl Artola / Andrés Bohoslavsky/Julio Carabelli / Bruno Di Benedetto/ Robert Gurney/Mónica Larrañaga/ Ketty Alejandrina Lis / Sergio Rigazio. Poems by R. Gurney: ‘El acebo’, ‘Una bronca’, ‘El castaño de Indias’,’Los muertos’, ‘Escupiendo sangre’, ‘Floriseo y Muerto’, ‘Jaungoikua’,’El cielo’, ‘La vanguardia’, ‘Los cuervos’, ‘Dieciocho poemas’, Golondrinas moradas’, ‘Echando oraciones’, ‘Hormigas’.

The Poundffald

They say that Dylan’s ghost
can be seen now and then
in The White Horse Tavern
in New York
spinning his favourite table
the way he loved to do
and that his head can be seen
floating in front of a mirror
or just watching you
from the end of your bed
in a room
in the Chelsea Hotel.

I don’t know exactly
where Dylan liked to sit
in the Poundffald Inn.

I like to think
that it was there,
in the circular corner,
where the village pound
used to be.

That’s where I see him.

A friend of mine in Wernffrwd
lives by a stream
where otters stray down from a hill
to steal her fish.

She says that her uncle
used to see him there,
looking lost
and ‘worse for wear’.

Robert Edward Gurney, Dylan’s Gower, Cambria Books, 2014

La Poundffald

Dicen que cada tanto
puedes ver el fantasma de Dylan
en The White Horse Tavern
en Nueva York,
que hace girar su mesa favorita
como a él le gustaba
y que puedes observar su cabeza
flotando delante de un espejo
o simplemente espiándote
desde el pie de la cama en una habitación
del Chelsea Hotel.

No sé exactamente
dónde le gustaba sentarse
en la Posada del Poundffald.

Me gusta pensar que estaba allí,
en la esquina circular,
donde, antes, estaba el encierro.

Ahí es donde lo veo.

Un amigo mío en Wernffrwd
vive junto a un arroyo
donde las nutrias bajan de la colina
para robar sus peces.

Dice que su tío solía verlo allí,
con la mirada perdida
y aspecto desprolijo.

Trad. Robert Edward Gurney

Bacon

Some say
that Bacon could see
through space
and time

that he wrote
of submarines and aeroplanes,
of hearing aids
and telephones.

I can see him
holding a stone
by the river.

I can hear him
talking about
drawing on water
and writing in dust.

Bacon

Algunos dicen
que Bacon podía ver
a través del espacio
y el tiempo

que escribía
acerca de submarinos y aviones,
de aparatos auditivos
y teléfonos.

Lo veo
sosteniendo una piedra
al lado del río.

Le oigo hablar
de dibujar en el agua
y escribir sobre el polvo.

Daniel Sáenz More, grandson of Ernesto More, friend of César Vallejo and Juan Larrea:

Tu breve poema de Bacon me gustó mucho! Ese verso “escribir en el polvo”, me recuerda al “solía escribir con su dedo en el aire” de César Vallejo. Gracias por compartirlo!

Barcelona, 12 March 2015

Rimbaud’s House

I haven’t been there,
to the Bet Rimbaud,
Rimbaud’s house,
in Harar.

It’s not for want of trying.

They say
that the lady who lives there
shows you a trunk
that was made by him.

She urges you to open it
and feel the old clothes
and newspapers
inside.

Some say the house was built
after his death.

Robert Gurney

A Night in Buganda, Verulamium Press, St Albans, 2014. ISBN 978-0-9547166-4-6.

The Vanguard

I read yesterday
part of the History of Forgetting
by Ramón Minieri
and how Córdoba forgot
Nicolás Guillén.

It talks about Gregorio Bermann
and José Carlos Mariátegui.

Bermann discovered
thoughts he had too
in some lines by Mariátegui.

He says:
We are also the books
that we have read.

There is no separation
between aesthetics and politics.

Poetry is the design workshop
of a better society.

The poetic avant-garde is that:
the vanguard.

Politics and Poetics link
to project themselves
beyond verses
and elections.

Is that why they killed Lorca
and Tilo Wenner
and banished Larrea and Alberti,
and who knows how many more?

Robert Gurney
My translation, today, of the Spanish original,‘La Vanguardia’ (2 March, 2015)

La vanguardia

Leí ayer parte de la Historia de Olvidos
de Ramón Minieri
y cómo Córdoba olvidó
a Nicolás Guillén.

Habla de Gregorio Bermann
y José Carlos Mariátegui.

Bermann encontró su propio pensamiento
en unas líneas de Mariategui.

Dice:
Somos también los libros
que hemos leído.

No hay separación
entre la estética y lo político.

La poesía es el taller de diseño
de una sociedad mejor.

La vanguardia poética es eso:
vanguardia.

Política y poética se enlazan
para proyectarse
más allá de versos
y elecciones.

¿Es por eso que mataron a Lorca
a Tilo Wenner
y desterraron a Larrea, a Alberti,
y a no sé cuántos más?

Poemas a la Patagonia, Ediciones Lord Byron, Madrid, 2009.

Life

You go to college.
You get a job.
You look away
for an instant,
it seems,
and then,
when you have a free moment,
you look up your old companions
who don’t want to speak to you
because you didn’t stay in touch
or because they are dead.

Let’s go to the pub,
you say,
to the Cross Keys,
for example,
in Totternhoe,
there where some say John Bunyan
of The Pilgrim’s Progress
glimpsed Paradise.

It burnt down,
they reply.

La vida

Vas al colegio.
Consigues un trabajo.
Miras para otro lado
unos instantes,
así parece,
y luego,
cuando tienes un rato libre,
buscas a tus viejos compañeros,
que no quieren hablarte
porque no seguiste en contacto
o porque están muertos.

Vamos al pub,
decís,
al Cross Keys,
por ejemplo,
en Totternoe,
allí donde John Bunyan
el de Progreso del peregrino
vislumbraba el paraíso.

Quedó reducido
a cenizas,
te contestan.

From La libélula y otros poemas / The Dragonfly and Other Poems, Colección Prometeo Desencadenado, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2012, pp 135-139.
(The Cross Keys has since been restored!)

The Grey Lady

When you think
of all the people
you have met
and whom
you may never meet again
but who float in and out
of your mind,
people whose telephone numbers
you still have
in an old diary
people whose number
you still feel you can give
to a friend
going to a strange country,
don’t you feel
at times
that they are like ghosts,
like the Grey Lady of Luton
who floats, some say,
between St Mary’s Church
and The Cork and Bull?

Where Are They Now?

I dreamt
that there was a current
that ran north
from the Kagera river.

I imagined
that it ran past
the Ssese Islands.

I saw it leaving the lake
at Bujagali.

I dreamt
that it was filled
with swimmers.

It was just
the movement of the water
that made their bodies
look alive.

Adapted from my book A Night in Buganda, 2014.

Ants

By now my fever was high.

The battle had stopped.

My friend had returned.

I lay with my hand outstretched
on the sand.

From where I was
it looked as if
they were pouring out of my upturned palm.

And they were hurrying down a road
four inches wide
leading from the bushes
towards their nest,
each carrying in its jaws
the burden of a meal,
a leaf shaped like the sail
of an old Thames barge.

“’Ants drag our tears from east to west’,
Larrea wrote
in memory of his friend
Juan Gris,”
I said.

A strange wailing began.

“Why,” I asked,
“are they crying?”

“Because they know,”
he said.
“that they are going to die.”

From Robert Edward Gurney, Poems to Patagonia, English edition (in preparation) of Poemas a la Patagonia, prólogo y selección de Andrés Bohoslavsky, Verulamium Press, St Albans, 2004. 38 pages. ISBN: 0-9547166-1-2.

The Bard’s Chair

There was an empty chair
in the museum in Luton.

It’s still there.

It looks bigger than normal,
more solid,
made of oak.

A sign says:
“Bard’s Chair”.

That chair often comes back to me
when I think about the past.

Whose was it?

How did it get there,
miles from Wales?

As a child
I had this burning desire
to climb up onto it.

From La casa de empeño. The Pawn Shop and Other Poems by Robert Gurney. Editorial Liber Factory, 2014, 154 pages. Available on Amazon.

On Llanmadoc Hill

to Sir Cedric Lockwood Morris (1889-1982)

Sitting here
with my laptop
on top of Llanmadoc Hill,
looking at a painting,
called ‘Llanmadoc Hill’,
by Cedric Lockwood Morris,
I begin to wonder.

I wonder if
Dylan ever sat here.

I wonder if,
on one of his ‘medicinal walks’,
he looked down from here
at Llanmadoc village.

I wonder
if he ever wondered
about an older name for the village:
Llanmadog,
 with a ‘g’.

I wonder
if he looked down at the pond
by the farmhouse
and wondered what Llanmadog
would look like
when reflected in it,
backwards.

“Godamnall.”

I wonder if he was ever tempted
to use it in a play.

I wonder if he felt
that that, perhaps,
would have been too risky
and went for ‘Llareggub’,
Buggerall backwards,
instead.
.
Robert Edward Gurney
From Dylan’s Gower, 2014, pp.14-15

En Llanmadoc Hill

a Sir Cedric Lockwood Morris (1889-1982)

Sentado aquí
en la cima de Llanmadoc Hill
con mi ordenador portátil
mirando un cuadro llamado ‘Llanmadoc Hill’
pintado por Cedric Lockwood Morris,
empiezo a preguntarme algo.

Me pregunto
si Dylan se sentó aquí.

Me pregunto
si, en una de sus “paseos medicinales”,
miró hacia abajo
hacia la aldea de Llanmadoc.

Me pregunto
si alguna vez se preguntó algo
acerca de un nombre antiguo de la aldea:
Llanmadog, con una “g”.

Me pregunto si miró hacia el estanque
delante de la granja
y se preguntó
qué aspecto tendría “Llanmadog”
reflejado en ello.

Llanmadog – Godamnall -
Maldito todo – Odototidlam.

Me pregunto si alguna vez
fue tentado a usarlo
en una de sus obras.

Me pregunto si sentía
que eso, tal vez,
hubiera sido demasiado arriesgado
y escogió, en su lugar,
Llareggub – Buggerall -
Adanasapon – No Pasa Nada
deletreado al revés.

Robert Edward Gurney
De Dylan’s Gower, págs 14-15

 

 

The White Lady

 To my friend Ketty Lis

 

The night was as black as a bible.

We were driving down a lane in Wales
when I thought that I almost saw her in my headlights,
the white lady, sitting on a gate.
I didn’t know who she was
or what she meant.
She seemed to be mourning
the theft of the stone circle
from the field behind her.
Then I thought I saw Dylan
shuffling towards a village
in search of cigarettes from a machine that was
broken.
Then a barn owl with white wings
as broad as my car
attracted by my lights
swooped down,
nearly smashing the windscreen.
I stopped.
There was nothing.
I don’t know what this means
but I can intuit it.
A friend of mine, who lives in Rosario,
says the the white lady is poetry.
I remember seeing her once
in a poem by Rimbaud
about a waterfall.
I must look for the book by Robert Graves about this.

 

Robert Gurney

From To Dylan by Robert Edward Gurney, Llyfrau Cambria/Cambria Books, Wales, 2014, pp 2-4.

Go to:

http://verpress.com/to-dylan-2014/

 

First published in Sarasvati, Poetry Magazine, no. 5, May/June, 2009, Halwill, Devon (new address). Editor: Dawn Bauling.

Published in Spanish as  ‘La mujer de blanco’ in La senda de los poetas, Selección Natural, Muestra Internacional de Poesía Contemporánea (1958-2013), edición a cargo de Chema Rubio Velasco, Editorial Opera Prima, Madrid, 2013. ISBN 978-84-95461-63-6.

First published in Spanish in 2005 (together with Poemas a la Patagonia) on Poéticas, biblioteca virtual de poesía.  Editora: Ketty Alejandrina Lis, Rosario, Argentina.  www.poeticas.com.ar

Directorio – Inglaterra: http://www.poeticas.com.arhttp://poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Robert_Gurney.html

 

Escupiendo sangre

Escupí sangre
en la noche
y me encontré esperando
una radiografía
leyendo el poema de Carver
sobre el perro de su hija
que fue atropellado.

Y luego escribió un poema
contando cómo le escribió ese poema.

Luego leí algo de su padre,
cómo murió,
y pensé en mi padre,
muerto
y lloré.

Spitting Blood 

I spat blood
in the night
and found myself waiting
for an X-ray
reading Carver’s poem
about his daughter’s dog
that got run over.

And then he wrote a poem
describing how he wrote that poem.

Then I read about his father,
how he died,
and I thought about my father,
how he died,
and I wept.

Raymond Carver Review 3, May, 2011, Editors Robert Miltner and Vasiliki Fachard, Kent State University, Canton, Ohio.

 

Santiago de Chuco

(to César Vallejo)

The clock
with the blue face

the black Madonna
in the Parish Church

the photo of Vallejo
on the wall
of the Town Hall

the brass plaques
in need of polishing

the grey clouds
as low as those of England

the black umbrella
he may have used in Paris
hanging from a nail
open on a wall

the sculpture of the poet
sitting down

the trunks
where once
he may have kept
his copy of Juan Larrea’s Orbe

that strange mummy
sitting in a glass case

the little oven,
strangely erotic,
sunk in the white wall

the poem to the mother

the photograph of
his mother’s face

the altar
in the family house

these things caught my eye
in Santiage de Chuco
but none of them more
than that RCA gramophone,
His Master’s Voice,
with the same picture of the white dog
and the enormous horn,
as on the one that I once listened to,
my head cupped in my hands,
lying on the floor
beneath my grandmother’s aspidestra
in Dunstable.

FromLa libélula y otros poemas/The Dragonfly and Other Poems, bilingual edition, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2013 pp 84-86

Prize Giving

 

She is standing there by the lake in Verulamium Park,
dressed like the moon in a poem by Lorca,
a straw hat and a long mauve robe
down to the ground.
Hundreds of birds
swirl and mill around her.
Mallards, Canadian geese and moorhens
streak across the water.
Seagulls swoop.
There are exotic birds
whose names I cannot remember
and a swan with a broken wing.
Herons cock mad eyes at her
from the heronry
in the weeping willows
on the island.
A duck,
its head stuck
in one of the plastic rings of a four-pack,
swims round in circles.
She opens a bag
and throws pieces of stale bread
onto the water.
Robert Gurney

 

First published in Gurney, R.E., Luton Poems, Verulamium Press, St Albans, 2005, pp 58-59. ISBN: 0-9547166-3-9.

Reproduced, together with the Spanish version, in La casa de empeño y otros poemas/The Pawn Shop and Other Poems, Lord Byron Ediciones, Madrid, 2014, pp. 138-140. ISBN: 978-84-9949-522-4.

The English and the Spanish versions of this poem were read at the launch of The Pawn Shop on the Day of The Book,  23rd April,  2014, in the Café Comercial (Madrid) International Poetry event “Madrid, The New Literary Paris”:

http://lordbyroneditorial.blogspot.com.es/2014/04/presentacion-de-los-autores-de-nuestra.html

 

The Gull People

I was reading today
about Lake Lácar,
about the spirits of the dead
who row on the Caleuche
and who can turn into gulls.

We arrived in Cornwall
in the morning
my friend and I,
tired, nerves jangling,
from having driven through the night.

We looked down into the sea
and saw a seagull,
a couple of hundred feet below.

I picked up a stone
and hurled it  into space.

It flew, in an arc,

upwards then downwards,

straight down towards the gull.

It hit the bird
in the middle  of its back.

It struggled for a while
then was still.

A one in a million chance.

Its death  has haunted me ever since.

Then I thought about that friend,
once larger than life,
the most adventurous of our class,
who has just died on a bench
at the bottom of a hill
in Dunstable.

First published in Gurney, R., Luton Poems, Verulamium Press, 2005, pp 61-62. ISBN: 0-9547166-3-9.  Spanish version read at the above Café Comercial  poetry recital, 23.04.14.  Sarasvati, Poetry Magazine, no. 5, May/June, 2009. 

 

The Pram

I am not too sure
if it is the first thing
that I remember.

Nor am I sure
that I saw
what I think I saw.

It was an old-fashioned pram,
like the one that careers down the steps
in Eisenstein’s silent film,
The Battleship Potemkin.

My mother was pushing me
down the path
that runs beside
the Daisy Chain wall
near the rose beds
below Wardown Museum
in Luton.

She loved to walk
in that part of the park.

It had once been
an ornamental garden,
with an avenue of limes
and giant redwood trees
that I would later use
as punch bags.

Suddenly she started running
the pram was bouncing
I was not really sure
if she was still there.

The pram went this way and that
through the trees
as she tried to reach the safety
of the Bowling Green Alley.

Above me I could see
curving white lines,
it was as if they being drawn
by an invisible hand.

The tension and the agitation
seemed to grow
as the delicate lines
spread out like grasping fingers.

Then, the memory stops.

I think I can remember
the pram slowing down
and calm returning,
as it went up the hill,
but not much more
than that.

I suspect I fell asleep,
with all the excitement
and I often wonder
if I really do remember
the incident of the Luftwaffe bomber
or whether it is my mother’s story
and her memory
transferred to my mind.

El cochecito

No estoy muy seguro
de que sea la primera cosa que recuerde
,
ni tampoco de haber visto
lo que te describiré.

Era un cochecito anticuado
como el que baja a toda velocidad los peldaños
en la película muda de Eisenstein
El acorazado Potemkin.

Mi madre me empujaba
por el sendero lateral
de la muralla de La Guirnalda de las Margaritas
cerca de los rosedales
bajo el Museo Wardown
de Luton.

A ella le encantaba
esa zona del parque.

Antes había sido
un jardín ornamental,
con un paseo de tinos
y secuoyas gigantescas
que más tarde yo utilizaría
como sacos de arena.

Se puso a correr bruscamente,
el cochecito daba tumbos,
yo no percibía
si ella estaba aún allí.

El cochecito rodó por todas partes
entre los árboles
mientras intentaba alcanzar
la seguridad del sendero de la Bolera.

Por encima vi unas líneas blancas
que describían curvas,
fue como si una mano las dibujara.

La tensión y la agitación
parecían crecer
a medida que las líneas delicadas
se extendieron como dedos codiciosos.

Luego, el recuerdo se detiene.

Parecía que el cochecito
redujo la velocidad
y que la calma volvió
al subir la colina,
pero no mucho más
que eso.

Me imagino que me quedé dormido
con aquella conmoción
y a menudo me pregunto
si aquel recuerdo fue real,
el incidente del bombardero de la Luftwaffe,
o es la historia de mi madre
y el recuerdo de ella
traspolado a mi mente.

Spanish and English versions published in Gurney, R., La libélula y otros poems – The Dragonfly and Other Poems, Lord Byron Edciones, Colección Prometeo Desencadenado, 21012, Madrid, pp.11-14. ISBN: 978-84-9949–209-4. Spanish version included in: Recital, Café Comercial, Madrid, 23 de abril 2013, Día del Libro, Day of the Book: ‘El gramófono’, ‘Santiago de Chuco’, ‘El choque cultural’, ‘La horma de sombrero’, ‘La vida’, ‘La libélula’, ‘Ritmos’, ‘El acebo’, ‘La fábrica de caramelos’, ‘El ciego’, ‘El Castillo de Someries’, ‘Bajo la mirada de Occidente’, ‘Un poema’, ‘El cochecito’, ‘El martín pescador’, ‘El Café Comercial’.

1940

A child pauses on the doorstep
of the newsagent’s shop
in Langley Street,
old Luton.

He looks up at the sky
above the slate roofs
of the terraced houses.

The trajectories of vapour trails,
curling spaghetti-like,
mark the dog fight taking place,
low on the horizon
over Luton Hoo.

That same day
he sees a trail of black smoke
growing longer and longer,
as it heads south and east.

“A burning German bomber,
perhaps,” someone says,
“trying to get away”.

1940

Un niño se detiene
en el umbral de la tienda
que vende diarios
en la Calle Langley,
en la parte antigua
de Luton.

Mira el cielo
por encima de los techos de tejas
de las casas aledañas.

Las trayectorias de estelas de humo,
serpenteando como spaghetti
marcan el combate aéreo
que se libra allá en el horizonte
sobre Luton Hoo.

Ese mismo día
ve una línea de humo negro
extenderse cada vez más larga
hacia el sur y el este.

“Un bombardero alemán,
quizás”, alguien dice,
“tratando de escaparse”.

Gurney, R., La libélula y otros poems – The Dragonfly and Other Poems, Lord Byron Ediciones, Colección Prometeo Desencadenado, 21012, Madrid, pp.17-18. ISBN: 978-84-9949–209-4.

The following three poems are from To Dylan, Cambria Books, Llandeilo, 2014:

Infinity

to Arthur Rimbaud

Sitting high up
on the cliff
at Worm’s Head,
I watch
the sun setting.

A red stain
is vanishing
behind a curtain of grey.

Little by little
the sea disappears.

The sea leaves
with the sun,
whispers Rimbaud.

Robert Edward Gurney

The Mist

to Thomas Gray (1716-1771)
and Vernon Watkins (1906-1967)

The sea-mist rolls in
obliterating the landscape.

The first to go is the sea,
then sand dunes as big as pyramids.

It creeps up the road
erasing ‘The Captain’s Table’
and ‘The Ship’
where Dylan once drank.

The tree tops disappear,
then the cliffs.

All that is left
are some marks in the sky,
the crows that are hovering
without moving.

And through the mist can be heard
as clear as the church bell
the sad tolling of the buoy
in Overton Mere.

Robert Edward Gurney

The Pawn Shop

Beauty runs a Pawn Shop
and accepts just the hearts of men.
When the time comes to recover them
she has shut up shop.

Chu Siang (1904-1933)

I went looking
for the Pawn Shop
in Bute Street,
Luton,
to try to redeem
the manuscript
of some poems
about a love affair
that I left there
forty years ago.

The street
was no longer there.

In its place
they have built
an American-style
shopping mall.

Robert Edward Gurney

(On this poem Alejendro Drewes has written: Excelente poema, Robert, querido amigo. Dialoga maravilla con el estupendo epígrafe, y lo que dice sobre el tiempo y las pasiones humanas están amargo como certero.)